Agadir es una de esas ciudades que no suenan demasiado al pensar en Marruecos, pero que cuando llegas, te preguntas por qué no habías venido antes. Quizá no tenga el encanto antiguo de Marrakech ni las callejuelas laberínticas de Fez, pero Agadir tiene algo muy distinto: una vibra costera tranquila y abierta que invita a relajarse desde el primer día. En este lugar el ritmo es más pausado, las vistas del Atlántico amplias y despejadas, y la gente amable sin artificios.

Además, Agadir ofrece espacios pensados para el visitante sin alejarse de su ritmo habitual, lo notarás apenas pongas un pie en la ciudad. No es un lugar que te abrume con actividades, pero tampoco te deja aburrirte. Siempre encontrarás algo interesante que hacer o algún rincón nuevo por descubrir, ya sea recorriendo sus calles modernas, sus antiguos vestigios o sus cercanías naturales.

En esta guía vamos a contarte qué lugares no te puedes perder, empezando por una playa que visitarás casi sin darte cuenta. Vamos a explorar la kasbah, pasear por el Souk El Had, acercarnos al puerto, salir un momento hacia Souss-Massa, llegar a Taghazout y andar sin apuro por la corniche.

La playa que siempre está en tu plan, aunque no quieras

La playa de Agadir aparece naturalmente en cualquier plan que hagas. Es una larga extensión de arena dorada que nunca se llena demasiado, lo cual te da espacio suficiente para caminar o sentarte tranquilamente a ver pasar las horas. Sus aguas, aunque no muy cálidas, son tranquilas y agradables, perfectas para refrescarse suavemente bajo el sol. Además, la playa está acompañada por un moderno paseo marítimo que la convierte en un sitio cómodo para pasar la tarde, tomar algo frío o probar la comida local con vistas al mar.

Asimismo, uno de sus puntos fuertes es la limpieza y amplitud, algo que no siempre es fácil de encontrar en playas urbanas. Otra ventaja es que no tendrás vendedores acosándote continuamente; hay un respeto relajado hacia el visitante. Ya sea que planees pasar allí el día completo o solo desees una breve parada para descansar los pies después de caminar por la ciudad, esta playa siempre cumplirá con tus expectativas.

Subir a la antigua kasbah

La vieja kasbah se levanta sobre una colina y sus restos guardan rastros de los momentos más duros que vivió Agadir. No esperes encontrar aquí palacios perfectamente conservados ni jardines exuberantes; lo valioso de este lugar es precisamente su estado actual, marcado por el tiempo y por los rastros del terremoto que azotó la ciudad en 1960. De esta forma, al recorrerla notarás cómo la naturaleza ha empezado a reclamar sus espacios, mezclando vegetación salvaje con antiguas piedras que todavía permanecen en pie.

Sin embargo, lo que realmente llama la atención desde ese punto es todo lo que se ve: el puerto, la línea de la costa y la ciudad desplegada al fondo. Subir a la kasbah al atardecer es especialmente recomendable, ya que la luz dorada baña las ruinas creando una atmósfera serena y te permite tomar fotografías que difícilmente olvidarás.

Souk El Had, con caos, colores y gangas que no esperabas

El Souk El Had atrapa sin esfuerzo. Sus pasillos se entrecruzan como si no tuvieran fin, entre puestos que huelen fuerte, telas que saltan a la vista y conversaciones que nunca paran. Cada callejón tiene su rasgo propio: especias fragantes que capturan tus sentidos, alfombras tejidas a mano que cuelgan por todas partes, y puestos donde la fruta fresca y las verduras se amontonan en pirámides perfectas.

Pese al movimiento constante, el mercado se sostiene con una lógica interna y un trato cercano que se siente en cada rincón. Podrás regatear con calma, tomarte un té de menta mientras escoges tus compras y charlar con vendedores que, aunque negocian duro, lo hacen siempre con una sonrisa genuina. La experiencia en el mercado es intensa pero siempre llevadera, así que tómate tu tiempo para explorar sin prisas.

Entre redes y parrillas en el puerto de Agadir

Si buscas una escena marinera directa y sin maquillaje, acércate al puerto de Agadir, donde la vida transcurre entre barcas recién llegadas y redes cargadas de pescado fresco. En este sitio el aroma a mar se mezcla con el de las parrillas que cocinan directamente el pescado del día, sin menús lujosos ni manteles almidonados.

En este caso, una buena recomendación es comer en alguno de los restaurantes del puerto, donde sirven platos sencillos pero sabrosos. Los precios suelen ser accesibles, y la calidad del producto es difícil de superar. No te preocupes por detalles decorativos, ya que en este rincón de Agadir, todo gira en torno al sabor directo y al oficio de quienes viven del mar.

Escapada al parque nacional Souss-Massa

Para quienes disfrutan los paisajes naturales sin intervención, el Parque Nacional Souss-Massa ofrece una alternativa real al ruido de la ciudad. Este espacio protegido alberga varias especies de aves, incluyendo el peculiar ibis eremita, que puedes observar con facilidad. Por eso, caminar por los senderos del parque es una experiencia tranquila: el paisaje varía entre acantilados, dunas suaves y playas casi vacías.

En este sentido, lo más recomendable es dedicarle un día entero y recorrerlo sin prisa, dejando que el ritmo del entorno marque el paso. Llevar cámara y binoculares puede hacer la diferencia, ya que no todos los días se camina entre zonas salvajes y en silencio total.

Surf, chill y buen café en Taghazout

A pocos kilómetros al norte de Agadir, Taghazout recibe a quienes llegan buscando olas y calma sin guion. Este pueblo costero atrae a surfistas de todas partes por sus rompientes constantes y su ambiente, recomendándose en cada blog de surf. Además del surf, lo más notable está en sus pequeñas cafeterías y terrazas donde el tiempo parece moverse distinto.

Asimismo, Taghazout funciona como refugio temporal, con comida sencilla y buena, vistas abiertas al mar y una comunidad que no tiene prisa para nada. En este lugar lo esencial está al alcance: mar, tabla, bebida fría y alguna conversación pausada.