Mantener una dieta equilibrada durante los viajes puede parecer un desafío, especialmente cuando nos encontramos rodeados de tentaciones gastronómicas, horarios irregulares y opciones limitadas. Sin embargo, cada vez más viajeros están demostrando que es posible disfrutar de una buena alimentación sin renunciar a la experiencia cultural ni al placer de probar nuevas comidas. La clave está en la planificación, la flexibilidad y el conocimiento previo de lo que se puede encontrar en cada destino.

Hoy en día, muchas personas viajan siguiendo dietas específicas por salud, convicción ética o estilo de vida: la dieta vegetariana y dieta vegana, las dietas para celíacos, personas que siguen una dieta keto, mediterránea o simplemente baja en azúcares y ultraprocesados. En todos estos casos, lo importante no es privarse, sino adaptar lo que se come a la realidad local.

Esta guía está pensada para ayudar a viajar sin romper tu dieta. Para ello, abordaremos estrategias prácticas para elegir dónde comer, qué pedir, qué cocinar y cómo mantener los objetivos nutricionales en diferentes situaciones.

Planificación previa

Antes de salir de viaje, se debe dedicar un poco de tiempo a planificar las comidas, investigando sobre la oferta gastronómica del destino, identificando supermercados y restaurantes con opciones saludables, y conociendo los platos típicos que se adaptan a tu dieta.

Además, es recomendable llevar algo de comida en la mochila. Frutos secos, barritas energéticas, fruta deshidratada o incluso sobres de proteína vegetal en polvo pueden ayudar a mantener el hambre a raya sin caer en opciones poco saludables. También es importante tener flexibilidad y una mentalidad abierta. Tal vez no siempre se encuentre la comida perfecta, pero si se tienen claros los objetivos alimenticios, se podrá tomar una buena decisión.

Buscar restaurantes y platos según tu dieta

A la hora de comer fuera, es clave saber leer entre líneas en los menús. Muchos restaurantes en el mundo se han adaptado a las tendencias de alimentación saludable e incluyen opciones vegetarianas, veganas, sin gluten, bajas en carbohidratos o para personas intolerantes a la lactosa.

Una estrategia para encontrar lugares adecuados es buscar platos tradicionales que ya se alineen con la dieta antes de viajar. Por ejemplo, una persona que sigue una dieta mediterránea puede optar por platos griegos o italianos a base de verduras, aceite de oliva y pescado. En Asia, abundan las sopas ligeras, los salteados de verduras o los arroces con tofu que son perfectos para veganos o celíacos si se evita la salsa de soja con gluten. Lo mismo ocurre con bowls, ensaladas o menús diseñados para deportistas en muchas capitales del mundo.

Comer en movimiento – Aeropuertos, trenes y excursiones

Uno de los mayores retos para mantener la dieta viajando son los trayectos largos, es decir, vuelos, trenes, excursiones o rutas en coche. En estos momentos, la oferta de comida suele reducirse a snacks ultraprocesados, bollería industrial o comida rápida. Para evitar caer en esas trampas, es recomendable llevar comida preparada para mantener la energía sin comprometer la nutrición.

En los aeropuertos, muchas veces hay opciones saludables si se buscan bien: ensaladas, yogures, fruta fresca… También se puede llevar tu propia comida en un recipiente hermético, siempre que cumpla con las normas de seguridad del transporte. En trenes o autobuses, lo más práctico son los snacks que no necesiten refrigeración, como galletas, frutos secos o frutas resistentes como manzanas o plátanos.

Durante excursiones o rutas turísticas de día completo, es básico llevar una mochila con lo básico: agua, algo salado, algo dulce natural y una fuente de proteína ligera. Esta preparación permite disfrutar de la experiencia sin depender de lo que se encuentre en el camino, lo que suele ser caro o poco saludable.

Adaptar tu dieta sin perder el placer de viajar

Viajar no significa renunciar al placer de comer, ya que una parte esencial del turismo es explorar nuevos sabores y texturas. La clave está en encontrar un equilibrio entre disfrutar y mantener hábitos saludables. Por ello, probar una comida típica no tiene por qué romper la dieta si se sabe compensar en otras comidas del día. Además, existen versiones más ligeras o adaptadas de muchos platos tradicionales que se pueden buscar o preparar si se tiene acceso a cocina.

Algunos viajeros incluso encuentran inspiración para mejorar su alimentación al volver a casa, al descubrir ingredientes nuevos, formas distintas de preparar platos o uso de especias locales para enriquecer su dieta. Además, hay destinos donde comer sano es fácil por la propia cultura gastronómica, como Japón, Tailandia, Marruecos o las zonas mediterráneas. Finalmente, hay que recordar que mantener la dieta no debe convertirse en una obsesión que arruine la experiencia porque la moderación y la conciencia son las mejores aliadas.