En el valle de Lauterbrunnen caen 72 cascadas. El Staubbach, la más famosa, se despeña casi 300 metros por una pared vertical y dejó tan tocado a Goethe cuando lo vio en 1779 que le escribió un poema. Y eso es un solo valle, de los muchos que tiene el país.

Suiza entra por los ojos mucho antes de empezar el viaje: lagos, trenes rojos, pueblos de madera y montañas nevadas. El problema llega al sentarse a organizarlo. No es que falten cosas que ver, es que sobran: nombres que se parecen entre sí, regiones alpinas que funcionan de forma distinta, trayectos que sobre el mapa parecen cortos y no lo son.

El error habitual es querer verlo todo pensando que Suiza es «muy pequeña». Zúrich, Lucerna, Berna, Interlaken, Lauterbrunnen, Grindelwald, Zermatt, los lagos y las excursiones de montaña acaban formando una lista imposible. El país funciona mucho mejor con pocas bases bien aprovechadas.

La planificación se reduce a tres decisiones:

  • Elegir qué Alpes se quieren conocer: Oberland bernés o Valais.
  • Ver la ruta real y decidir si compensa un pase de transporte o salen mejor los billetes sueltos.
  • Convertir eso en un itinerario concreto, con pocos cambios de hotel.

Alpes suizos: ¿Oberland bernés o Valais?

Tratar los Alpes suizos como una sola zona es el origen de la mitad de los itinerarios mal planteados. No son dos versiones del mismo paisaje: cambian la altitud, las distancias y la forma de moverse por ellos. Antes de reservar nada conviene tener clara esa diferencia, y una guía completa de los Alpes suizos desglosa región por región lo que cada una da de sí. De forma resumida:

  • El Oberland bernés se organiza en torno a Interlaken, Lauterbrunnen, Wengen y Grindelwald, con los lagos de Thun y Brienz a un paso y el trío Eiger–Mönch–Jungfrau dominando el horizonte. Es la región de las cascadas, los valles verdes y los senderos accesibles. Su mayor ventaja es que se pueden encadenar cuatro o cinco días sin deshacer la maleta.
  • El Valais juega en otra liga de altitud. Zermatt es la referencia, con el Matterhorn de fondo y un pueblo sin coches de combustión desde 1931: se llega en tren y punto. Su mayor baza es esa misma altitud: el teleférico del Klein Matterhorn sube hasta la estación más alta de Europa, con vistas a tres países a la vez.

Con menos de una semana, lo eficiente es quedarse con una. Para cascadas y excursiones desde una misma base, el Oberland. Si la prioridad es el Matterhorn, mejor construir el viaje alrededor del Valais que intentar encajar las dos: de Interlaken a Zermatt hay unas dos horas y media con dos transbordos, así que ir y volver en el día se come la jornada entera en andenes.

Transporte en Suiza: ¿billetes sueltos o pase?

Trenes, barcos, autobuses postales, funiculares y teleféricos llegan prácticamente a cualquier sitio sin necesidad de coche. Lo que falla casi siempre es elegir el pase antes de saber qué trayectos se van a hacer. Va al revés: primero el esquema del viaje, anotando los desplazamientos entre bases y separando las excursiones de montaña, que es lo que suele salir caro. Con esa lista delante ya se puede comparar si salen mejor los billetes individuales, un abono concreto o si merece la pena el Swiss Travel Pass para varios días seguidos. A grandes rasgos:

  • Un pase compensa si se encadenan desplazamientos, se cambia de base a menudo o se combinan varios transportes al día.
  • Los billetes sueltos bastan si el viaje se concentra en dos zonas y solo incluye un par de subidas señaladas.

Y un detalle que descoloca a mucha gente: ningún pase cubre entera la alta montaña. Subir al Jungfraujoch o al Gornergrat se queda en un descuento sobre el tramo final, no en un acceso gratuito. Si el itinerario va cargado de trenes cremallera, merece la pena comparar el pase completo con la Swiss Half Fare Card antes de dar por hecho que el primero sale mejor.

Queda una advertencia: que el transporte funcione tan bien no significa que convenga moverse sin parar. Ahí entra la tercera decisión.

Ruta por Suiza para una primera vez

Montar un itinerario a medida se complica cuando no se conocen las distancias reales ni cómo conectan los puntos. Para un primer viaje, una ruta ya probada ahorra decisiones. Esta propuesta de ruta de los mejores lugares que ver en Suiza funciona bien.

Si el vuelo llega a Zúrich, con un día o día y medio se ve la ciudad y el lago sin prisa. Alargar la estancia a dos días suele salir del tiempo de montaña. De ahí, Lucerna queda a unos 45 minutos en tren y merece una parada por el casco histórico y el puente de la Capilla, camino ya del Oberland bernés.

Una vez allí, con base fija en Interlaken o alrededores, los días se reparten solos:

  • Lauterbrunnen y Wengen, el valle de las cascadas.
  • Grindelwald, con el Eiger enfrente.
  • Los lagos de Thun o Brienz, en barco si hace bueno.

La gracia de dormir siempre en el mismo sitio es poder decidir cada mañana según el tiempo que haga, que en montaña cambia de un día para otro. Con niebla, una excursión de mirador es dinero tirado.

Quien tenga a Zermatt entre ceja y ceja puede sustituir parte del Oberland o alargar hacia el Valais. Con calma, eso sí: añadirlo a un plan ya apretado solo porque parece obligatorio suele significar recortar en todo lo demás.

Con la región elegida, el transporte decidido y las bases fijas, Suiza deja de parecer un rompecabezas. Y sobra tiempo para lo que se venía a hacer: quedarse un rato largo delante de una de esas 72 cascadas.