Ankara no recibe al viajero con la silueta de mezquitas y palacios que ha hecho célebre a Estambul, ya que su primera imagen suele estar formada por amplias avenidas, edificios administrativos, barrios extendidos sobre colinas y un movimiento constante de funcionarios, estudiantes y comerciantes. Sin embargo, en el centro de esa capital moderna se eleva una antigua ciudadela desde la que pueden observarse siglos de historia acumulados. Bajo sus murallas aparecen tejados otomanos, restos romanos, mercados y museos que revelan una ciudad mucho más antigua que la República a la que representa.

Su posición en el centro de Anatolia convirtió este territorio en lugar de paso y asentamiento para diferentes civilizaciones. Por este lugar dejaron su huella frigios, lidios, persas, gálatas, romanos, bizantinos, selyúcidas y otomanos. La transformación decisiva llegó durante la guerra de independencia, cuando Mustafa Kemal Atatürk estableció en Ankara el centro del movimiento nacional. En 1923 fue proclamada capital de la nueva República de Turquía, sustituyendo a Estambul. A partir de entonces creció rápidamente mediante edificios gubernamentales, barrios planificados, universidades y monumentos destinados a representar un país en construcción.

En este artículo vamos a descubrir qué ver en Ankara, superando la idea de que se trata únicamente de una ciudad administrativa. Anıtkabir explica el nacimiento de la Turquía contemporánea, mientras el museo de las Civilizaciones de Anatolia recorre miles de años anteriores a ella. La ciudadela, las ruinas romanas, las mezquitas y los barrios de la ciudad completan una visita de contrastes. Además, Ankara constituye una base adecuada para conocer Gordion, el lago salado y otros enclaves del interior anatolio.

Anıtkabir y la fundación de la República

Anıtkabir es el monumento más simbólico de Ankara y el lugar donde reposan los restos de Mustafa Kemal Atatürk, fundador y primer presidente de la República de Turquía. El complejo se levanta sobre una colina conocida antiguamente como Rasattepe y fue construido entre 1944 y 1953. La aproximación se realiza por el Camino de los Leones, una avenida ceremonial flanqueada por esculturas inspiradas en modelos hititas. Su diseño obliga a caminar con atención sobre un pavimento irregular, favoreciendo una entrada lenta y solemne hacia la gran plaza.

El Salón de Honor alberga el cenotafio de Atatürk, aunque la cámara funeraria se encuentra en un nivel inferior. La arquitectura fusiona formas monumentales, piedra de diferentes regiones turcas y referencias a las civilizaciones de Anatolia. En otro sector descansa İsmet İnönü, compañero de Atatürk y segundo presidente del país. El conjunto incluye torres, relieves, jardines y espacios desde los que se contempla gran parte de Ankara.

El museo de Atatürk y de la Guerra de Independencia ocupa varias galerías bajo la plaza. Fotografías, objetos personales, documentos, vehículos y recreaciones ayudan a comprender el final del Imperio otomano, el conflicto que condujo a la independencia y las reformas emprendidas durante los primeros años republicanos. Más allá de cualquier valoración política, Anıtkabir resulta fundamental para interpretar la identidad institucional de Ankara y la presencia constante de Atatürk en la vida pública turca.

La ciudadela y el casco antiguo de Ankara

La ciudadela de Ankara ocupa una posición elevada que ha sido utilizada defensivamente desde la Antigüedad. Sus murallas actuales incorporan materiales y reconstrucciones de distintos periodos, especialmente de época bizantina, selyúcida y otomana. La puerta principal conduce a un barrio de calles empinadas donde sobreviven casas tradicionales de madera, patios, talleres y pequeños establecimientos. Algunas viviendas han sido restauradas como restaurantes o alojamientos, mientras otras muestran el desgaste de un tejido urbano que continúa habitado y no funciona únicamente como escenario turístico.

En la parte superior, las murallas interiores permiten contemplar Ankara en todas direcciones. A un lado se extiende el casco antiguo con sus tejados rojizos; al otro, las avenidas y torres de la capital moderna ocupan el horizonte. Este contraste ayuda a entender el crecimiento acelerado experimentado durante el siglo XX. Al bajar conviene recorrer la zona de Samanpazarı y el antiguo mercado de caballos, donde aparecen tiendas de especias, frutos secos, telas, cobre y objetos antiguos.

Cerca de la entrada se sitúa el museo Rahmi M. Koç, dedicado al transporte, la industria y la tecnología. Este museo ocupa dos antiguos caravasares restaurados y reúne vehículos, instrumentos científicos, maquinaria y objetos relacionados con la vida cotidiana. También se puede visitar el museo Erimtan de Arqueología y Arte, cuya colección está instalada en tres casas rehabilitadas.

El museo de las Civilizaciones de Anatolia

El museo de las Civilizaciones de Anatolia se encuentra al pie de la ciudadela y constituye una de las visitas arqueológicas más importantes de Turquía. Sus colecciones ocupan un antiguo mercado cubierto y un caravasar de época otomana, restaurados durante el siglo XX. La exposición está organizada principalmente de manera cronológica, permitiendo recorrer miles de años de historia desde los primeros asentamientos humanos hasta periodos clásicos posteriores.

Entre sus piezas más destacadas aparecen objetos procedentes de Çatalhöyük, uno de los asentamientos neolíticos más relevantes conocidos. La visita continúa con las culturas de la Edad del Bronce, las colonias comerciales asirias y el mundo hitita, representado mediante relieves, estelas, recipientes ceremoniales y esculturas. Los hallazgos frigios procedentes de Gordion muestran la riqueza alcanzada por el reino asociado a Midas, mientras las secciones urartiana y lidia amplían el recorrido hacia otras regiones y tradiciones. Cada conjunto demuestra que Anatolia actuó durante milenios como territorio de contacto entre pueblos distintos.

El patio central alberga relieves monumentales y piezas de piedra que permiten observar con detalle símbolos religiosos, animales y escenas ceremoniales. Eso sí, conviene dedicar al museo un mínimo de dos horas y seguir el orden propuesto para comprender la evolución de cada cultura. La visita también sirve para preparar futuras excursiones a Gordion, Hattusa o Çatalhöyük, cuyos objetos adquieren mayor significado al conocer su contexto.

El legado romano y las mezquitas de Ulus

El barrio de Ulus conserva varios testimonios del periodo en que Ankara, entonces conocida como Ancyra, formaba parte del Imperio romano. El templo de Augusto y Roma fue construido después de la incorporación de Galacia al imperio y alcanzó especial importancia por las inscripciones que reproducen las hazañas de Augusto. Aunque solo permanecen partes de sus muros, el lugar permite reconocer la antigua relevancia administrativa de la ciudad. Junto al recinto se encuentra la mezquita de Hacı Bayram, creando una superposición visual entre el pasado clásico y la tradición islámica.

La mezquita está dedicada a Hacı Bayram Veli, místico y poeta sufí que fundó una influyente orden durante el siglo XV. El edificio actual incorpora reformas de diferentes épocas y continúa siendo un importante lugar de culto y peregrinación. La plaza que lo rodea ha sido restaurada y reúne fuentes, jardines y establecimientos frecuentados por familias.

Más al norte aparecen las termas romanas, levantadas principalmente durante el siglo III y dedicadas probablemente a Asclepio. Se conservan los cimientos de diferentes salas, patios y sistemas de calefacción que permiten reconstruir las dimensiones del complejo. La cercana Columna de Juliano recuerda la visita del emperador a Ancyra en el siglo IV. El recorrido puede terminar en la mezquita de Arslanhane, originaria del periodo selyúcida y reconocible por su estructura de madera, o en la mezquita de Kocatepe, mucho más reciente y monumental.

Kızılay, Hamamönü y la vida urbana

Kızılay funciona como uno de los grandes centros de la Ankara contemporánea. Desde allí se puede caminar hacia la calle Tunalı Hilmi, rodeada de tiendas, librerías, cafeterías y restaurantes, o continuar hasta Kuğulu Park, un pequeño jardín conocido por sus cisnes. Esta zona permite observar una ciudad universitaria y administrativa alejada de los monumentos, donde la vida cotidiana transcurre entre oficinas, espacios culturales y locales frecuentados por una población joven.

Hamamönü ofrece un ambiente distinto mediante calles restauradas y casas de estilo otomano. El barrio se encuentra cerca del centro histórico y reúne talleres artesanales, patios, restaurantes y pequeños museos. Aunque algunas zonas poseen una orientación turística evidente, resulta agradable recorrerlo al final de la tarde y probar platos propios de la cocina anatolia. La cercana mezquita de Hacı Musa y la casa de Mehmet Akif Ersoy, autor de la letra del himno nacional turco, añaden contenido histórico.

Para contemplar Ankara desde las alturas se puede subir a Atakule, una torre de comunicaciones convertida en uno de los referentes del perfil urbano. Sus espacios panorámicos permiten apreciar la extensión de una ciudad que supera ampliamente los límites visibles desde la ciudadela. Otra parada interesante es el museo Etnográfico, instalado en un edificio republicano que albergó temporalmente los restos de Atatürk antes de su traslado a Anıtkabir. Sus colecciones muestran vestimentas, alfombras, trabajos en madera y objetos tradicionales.

Qué ver cerca de Ankara: Gordion, el lago Tuz y Beypazarı

Gordion es la excursión arqueológica más importante desde Ankara. Situada cerca de Polatlı, la antigua capital de Frigia está asociada al rey Midas y al célebre episodio del nudo gordiano, que Alejandro Magno habría cortado al no poder desatarlo. El yacimiento conserva restos de fortificaciones, edificios y numerosos túmulos funerarios repartidos por el paisaje. El gran Túmulo de Midas permite acceder mediante un corredor a una cámara de madera extraordinariamente conservada, aunque la identidad exacta de la persona enterrada continúa siendo objeto de interpretación histórica.

El museo situado junto al yacimiento exhibe cerámicas, objetos metálicos y hallazgos que ayudan a reconstruir la cultura frigia. Gordion fue incorporada a la lista del Patrimonio Mundial por la continuidad de su ocupación y la importancia de sus restos. Se encuentra aproximadamente a noventa kilómetros de Ankara, por lo que resulta más práctico llegar en coche o contratar una excursión. Quienes dispongan de tiempo pueden añadir la visita con el centro de Polatlı y el museo de la Batalla de Sakarya, dedicado a uno de los episodios decisivos de la guerra de independencia turca.

Otra alternativa es el lago Tuz, una extensa masa de agua salada cuyo aspecto varía según la estación y el nivel hídrico. Durante los meses secos, amplias superficies quedan cubiertas por una capa blanca de sal que crea un paisaje casi abstracto. Hacia el oeste, Beypazarı conserva casas otomanas, mercados y una tradición gastronómica reconocida dentro de la región. Tanto el lago como Beypazarı requieren desplazamientos por carretera, pero ofrecen dos maneras diferentes de acercarse al paisaje y a las pequeñas ciudades de Anatolia Central.