La Rioja es una comunidad autónoma española que se entiende mejor cuando se recorre despacio, con la mirada puesta en sus viñedos, que cambian de color según la estación, así como en los pueblos que parecen crecer alrededor de cada copa. En este lugar, el vino no es solo una bebida, sino una forma de paisaje, una manera de sentarse a la mesa y una excusa perfecta para viajar. Las carreteras secundarias atraviesan pequeñas lomas, bodegas históricas, miradores sobre el Ebro y campos infinitos. En este contexto, visitar una bodega para hacer una cata de vinos es fundamental. De este modo, comprando tanto en una tienda de vinos online o en la propia tienda de la bodega, se consigue un recuerdo que es parte de la experiencia.

Una ruta enoturística por La Rioja puede empezar por Haro, para continuar por pequeños pueblos de la Rioja Alta, continuar hacia la Rioja Alavesa y terminar en Logroño. En este recorrido, Bodegas Ramón Bilbao en Haro funciona como una primera parada interesante para acercarse al mundo del vino desde dentro. Esta bodega permite una cata o una experiencia de gastronomía más completa, todo ello en un entorno bodeguero en el que entender de dónde viene el vino, cómo se elabora y por qué tiene tanta importancia en la región.
Haro y Rioja Alta, el corazón enoturístico de la Rioja
Haro es una de las grandes puertas de entrada al vino de La Rioja. La ciudad conserva una relación muy estrecha con las bodegas, la historia vitivinícola, haciendo de una de las principales opciones para una escapada de este tipo. La jornada puede empezar en su centro histórico, entre plazas, iglesias, bares, comercios y rincones en los que el vino aparece de manera natural, no como un reclamo artificial. Su ubicación, en plena Rioja Alta, hace de este lugar una referencia para visitar bodegas, dormir cerca de los viñedos y moverse por una zona llena de pueblos pequeños, paisajes ondulados y carreteras que invitan a viajar con calma.
Uno de los grandes atractivos de Haro es precisamente esa atmósfera de bodegas. La presencia de bodegas reconocidas, vinotecas y propuestas de cata hace que el viajero perciba enseguida que está en un lugar donde el vino forma parte de la vida diaria. No se trata solo de entrar en una sala de barricas, sino de comprender cómo el territorio ha construido su identidad alrededor de la vid.

Otros lugares de La Rioja Alta amplían esta experiencia con pueblos y paisajes. Briones con sus calles de piedra, San Vicente de la Sonsierra con su silueta elevada, su castillo y sus panorámicas sobre viñedos o Laguardia con su recinto amurallado, ya en Rioja Alavesa, son pueblos en los que detenerse de camino a Logroño. En Logroño hay que parar un par de días para visitar sus principales atractivos turísticos: la muralla del Revellín, la concatedral de Santa María de la Redonda, el puente de piedra, el museo de La Rioja, y, por encima de todo, la zona de tapas en la Calle Laurel.
Bodegas Ramón Bilbao: ¿Qué ofrece una visita enoturística en Haro?

Bodegas Ramón Bilbao es una parada especialmente adecuada para quienes quieren vivir el vino de Rioja con una experiencia organizada, cercana y turística. Su ubicación en Haro permite integrarla fácilmente al principio de la escapada por la Rioja Alta, sin necesidad de grandes desplazamientos. La visita a una bodega como esta ayuda a entender que detrás de cada copa hay un proceso largo, desde el cuidado de la viña hasta la elaboración, la crianza, el reposo y el embotellado.
La experiencia tiene un componente muy sensorial, con el olor de las barricas, la temperatura de las salas, el silencio de los espacios de crianza y el color del vino en la copa. En esta visita enoturística, el viajero puede aprender a fijarse en matices que a menudo pasan desapercibidos: aromas, texturas, intensidad, equilibrio o diferencias entre estilos. Eso sí, no hace falta ser experto para disfrutarlo, al contrario, una buena visita permite que cualquier persona se acerque al vino con curiosidad y sin complicaciones.
¿Qué hacer en La Rioja además de visitar bodegas?

Aunque el vino sea el gran protagonista, La Rioja ofrece muchos planes que completan la escapada. Tal y como hemos dicho, la ciudad de Logroño es una parada imprescindible, con la calle Laurel y sus alrededores que concentran uno de los recorridos de tapas más conocidos del norte de España.
Los pueblos riojanos añaden opciones diversas al viaje: Briones, San Vicente de la Sonsierra, Sajazarra, Ezcaray o Santo Domingo de la Calzada dan la posibilidad de escoger y combinar arquitectura, historia, paisaje y buena mesa. Por ejemplo, Ezcaray, al pie de la sierra, aporta un estilo distinto, más montañés; Santo Domingo de la Calzada, por su parte, conecta con el Camino de Santiago y con un patrimonio monumental muy reconocible.
Asimismo, la naturaleza también tiene su lugar en una ruta por La Rioja. Los paisajes de viñedo ofrecen miradores de gran belleza, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la luz suaviza las colinas. Se pueden hacer recorridos en coche por carreteras secundarias, o rutas de senderismo/cicloturismo por sus campos. La gastronomía completa el plan con platos como patatas a la riojana, chuletillas al sarmiento, verduras de la huerta, embutidos, quesos y postres tradicionales. Entre pueblos, bodegas y mesas, el viaje adquiere una profundidad que va mucho más allá de una simple cata.
